Desde el comienzo de la guerra, muchos rusos que huían de procesos penales tuvieron que elegir entre tres países (Armenia, Kazajstán y Kirguistán) a los que se podía acceder con un pasaporte interno. Sin embargo, después de que comenzaron los secuestros de activistas en Kirguistán, las opciones se redujeron a dos, y ahora el estatus de Kazajstán como refugio también está en duda.
Según la periodista Amalia Zatari, la situación se está volviendo más complicada: Kazajstán está empezando a extraditar a Rusia a rusos que huyen, lo que convierte al país en un refugio peligroso para quienes escapan de la persecución. Esto obliga a la gente a buscar nuevos refugios seguros, pero las opciones son limitadas.
Anteriormente, Kirguistán sirvió como refugio seguro para quienes evitaban la persecución, pero los secuestros de activistas han aumentado la sensación de amenaza. Armenia sigue siendo una de las pocas opciones disponibles, aunque no está exenta de riesgos y restricciones.
Los conflictos y la represión empujan a muchos a buscar estabilidad en los países vecinos, pero las políticas cada vez más estrictas en los estados de Asia Central complican esta tarea. Kazajstán, como potencia regional importante, alguna vez se consideró relativamente abierto, pero ahora plantea preocupaciones de seguridad para los rusos que residen allí.
Por lo tanto, la situación se está volviendo más difícil para los refugiados rusos en la región, lo que podría desencadenar una mayor migración y búsqueda de lugares seguros para vivir.
Los próximos meses mostrarán si estos países pueden mantener su condición de refugiados o transformarse en zonas de mayor tensión política.
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