La llegada exprés de Kylian Mbappé a Yeda es un golpe de efecto, pero también una trampa tentadora. El Real Madrid afronta la final de la Supercopa con la duda de si arriesgar con su estrella recién salida de lesión o mantener la confianza en Gonzalo, que ha rendido con solvencia en los últimos partidos. Yo lo tengo claro: en un Clásico no se improvisa con un jugador que no está al cien por cien.

Es cierto que Mbappé tiene al Barcelona entre sus víctimas favoritas y que sus números son demoledores: doce goles en nueve encuentros, Bota de Oro y máximo artillero en Liga y Champions. Pero la grandeza no basta cuando el físico no acompaña. Apostar por él en estas condiciones sería más un gesto de marketing que una decisión deportiva sensata.

Gonzalo, en cambio, ha demostrado estar preparado. Ante el Betis firmó un hat-trick y contra el Atlético se fajó con los centrales durante noventa minutos sin bajar la intensidad. Su frescura y confianza son argumentos sólidos para darle la titularidad. En una final, lo que importa es el presente inmediato, no el currículum histórico.

Además, el Madrid necesita un ataque que funcione como bloque. Vinicius y Rodrygo llegan con intermitencia y chispa, y Gonzalo se ha adaptado a complementarlos con sacrificio y movilidad. Mbappé, recién salido de lesión, podría romper ese equilibrio y obligar al equipo a jugar condicionado por su estado físico. No es momento de arriesgar la estructura por un nombre.

En Yeda se juega más que un título: se juega la identidad de un Madrid que debe ser pragmático. Mbappé es un gigante, nadie lo duda, pero no está en condiciones de ser la apuesta segura. Yo elegiría a Gonzalo, porque la final exige garantías, no esperanzas. El Clásico se gana con certezas, y hoy la certeza está en el delantero que llega sano y en plena forma. @mundiario



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