El cometa 3I/ATLAS alcanzó el perihelio el 30 de octubre de 2025. Mientras los astrónomos de todo el mundo habían estado observando a este raro viajero interestelar, el cometa estaba demasiado cerca del Sol para poder realizar observaciones desde la Tierra. 3I/ATLAS, apenas el tercer objeto conocido que ingresa a nuestro Sistema Solar desde otro sistema estelar, se convirtió en el foco de un episodio especial de SETI Live con el astrónomo planetario del Instituto SETI, Dr. Franck Marchis, y el científico cometario del Instituto SETI, Dr. Ariel Graykowski. La discusión analizó lo que los científicos habían aprendido hasta ahora sobre el origen, la estructura y la composición de este cometa, y lo que su breve visita podría revelar sobre la formación de otros sistemas planetarios.

Descubrimiento y observaciones iniciales

El cometa 3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el telescopio del Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS) en Chile. La designación “3I” lo marca como el tercer objeto interestelar confirmado, después de 1I/’Oumuamua en 2017 y 2I/Borisov en 2019. Su detección reavivó el interés global en estudiar en qué se diferencian los cuerpos interestelares de los cometas nativos de nuestro Sistema Solar.

En el momento del descubrimiento, 3I/ATLAS era débil: alrededor de la magnitud 17 a 18, y parecía sólo ligeramente extendido. Los astrónomos debatieron si su tamaño aparente reflejaba una coma activa (una nube de gas y polvo que rodea el núcleo sólido) o un núcleo desnudo de aproximadamente diez kilómetros de ancho. A los pocos días, las observaciones de seguimiento confirmaron la presencia de un coma, lo que indicaba una sublimación activa (la transición directa del hielo sólido a gas) incluso a grandes distancias del Sol.

Esta actividad temprana sugirió que 3I/ATLAS contiene compuestos altamente volátiles como dióxido de carbono (CO₂) y monóxido de carbono (CO), que se subliman a temperaturas mucho más bajas que el hielo de agua. Estos volátiles son comunes en los cometas de períodos largos, pero su prominencia en un cuerpo interestelar ayuda a los científicos a investigar la diversidad de la química cometaria en los sistemas planetarios.

Composición y actividad

Las mediciones espectroscópicas (observaciones que dividen la luz en las longitudes de onda que la componen) revelaron que la coma del cometa estaba dominada por gas CO₂, con sólo trazas mínimas de vapor de agua. A una distancia de aproximadamente tres unidades astronómicas (UA) del Sol, esta composición es inusual, ya que el hielo de agua normalmente comienza a sublimarse a esa distancia. Los investigadores sugieren que el enfriamiento por evaporación puede ser el responsable, ya que el CO₂ se sublima rápidamente, absorbiendo calor de la superficie y reduciendo la temperatura local, retrasando así el inicio de la sublimación del agua.

Otra posible explicación radica en la composición y origen del cometa. Formado en condiciones desconocidas en otro sistema estelar, 3I/ATLAS puede contener hielos con estructuras cristalinas o impurezas químicas diferentes en comparación con los cometas del Sistema Solar. Durante millones de años en el espacio interestelar, la radiación cósmica puede alterar aún más la química del hielo, produciendo comportamientos físicos distintos de los observados en los cometas nativos.

Comportamiento orbital y fuerzas no gravitacionales

Actualmente, 3I/ATLAS se encuentra detrás del Sol visto desde la Tierra, lo que lo hace temporalmente invisible para los telescopios terrestres. Su órbita, una trayectoria hiperbólica que garantiza que no regresará a nuestro Sistema Solar, lo lleva justo dentro de la órbita de Marte. A medida que pasa por el perihelio, los astrónomos siguen su movimiento utilizando pequeñas desviaciones del movimiento puramente gravitacional. Estas aceleraciones no gravitacionales surgen cuando chorros de gas y polvo que escapan de la superficie actúan como pequeños propulsores, alterando sutilmente la trayectoria del cometa.

Este comportamiento es típico entre los cometas activos, lo que refuerza la importancia de un seguimiento continuo. A través de la Red Unistellar, una comunidad global de astrónomos ciudadanos coordinada por el Instituto SETI, los científicos recopilan datos fotométricos casi continuos, midiendo cambios en el brillo que señalan nuevos estallidos o eventos de fragmentación.

Justo antes de que 3I/ATLAS se volviera inobservable, los datos de Unistellar mostraron un aumento inesperado en el brillo. Este brillo superó las predicciones, insinuando una repentina explosión de gas o un aumento de la actividad superficial. Los observatorios solares espaciales confirmaron más tarde que el brillo persistió durante el perihelio, lo que sugiere un cambio significativo en el estado físico del cometa.

El misterio del níquel y el hierro

Los espectros obtenidos con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral revelaron otra sorpresa: una proporción inusualmente alta de níquel a hierro en la fase gaseosa. En la mayoría de los cometas del Sistema Solar, el níquel y el hierro aparecen juntos en proporciones aproximadamente solares, liberados de compuestos organometálicos que se subliman a bajas temperaturas. Las primeras mediciones de 3I/ATLAS mostraron una fuerte emisión de níquel pero débil hierro, lo que representa un desequilibrio desconcertante que comenzó a normalizarse a medida que el cometa se acercaba al Sol.

Esta proporción en evolución puede reflejar la liberación de estos metales dependiente de la temperatura o diferencias en las vías químicas que formaron sus hielos originales. De cualquier manera, proporciona una visión poco común del contenido metálico de la materia interestelar y sirve como punto de referencia para futuros estudios de la composición de los cometas más allá de nuestro Sistema Solar.

Mirando hacia el futuro

Ahora que su órbita lo lleva de regreso al espacio interestelar, 3I/ATLAS pronto desaparecerá de la vista. Sin embargo, los datos recopilados durante su paso, tanto de astrónomos aficionados como de grandes observatorios, servirán de base para futuras misiones como la Comet Interceptor de la ESA, diseñada para encontrarse con un futuro objeto interestelar.

«Cada uno de estos descubrimientos es un ensayo», dijo el Dr. Marchis. «Estamos aprendiendo a observar, interpretar y reaccionar rápidamente para que la próxima vez estemos listos para enviar una nave espacial».

Mire la conversación completa en SETI Live.





Source link