Imagínese despertarse una mañana y descubrir que un gobierno en el que usted confía le dice: “Elija a ellos o nosotros. No puedes tener ambas cosas”.

Para millones de personas con doble ciudadanía en todo el mundo, esto no es una situación hipotética: pronto podría ser una realidad.

La recién introducida Ley de Ciudadanía Exclusiva de 2025 no sólo pide lealtad. Exige una decisión difícil: dentro de un año de su promulgación, las personas con doble nacionalidad deben renunciar a su ciudadanía extranjera o perder su ciudadanía estadounidense.

La bienvenida a la ciudadanía se convirtió en una negociación de rehenes.


  • El proyecto de ley está dirigido a todos los ciudadanos estadounidenses que también posean el pasaporte de otro país: por nacimiento, ascendencia o naturalización.

  • Una vez que el proyecto de ley se convierta en ley, esas personas con doble nacionalidad deben presentar una renuncia oficial a su ciudadanía extranjera, o de lo contrario perderán automáticamente la ciudadanía estadounidense.

  • Los futuros inmigrantes que adquieran una nacionalidad extranjera también perderán la ciudadanía estadounidense en virtud de esta ley.

En resumen, para toda una clase de estadounidenses, la ciudadanía se convierte en un billete de una sola opción.


Hasta ahora, la ley estadounidense ha aceptado silenciosamente la doble nacionalidad cuando la permite el otro país.
Pero esta propuesta no es un cambio menor: es una reversión total de décadas de política de facto.

No se trata sólo de inmigración o lealtad.
Se trata de identidad.
Sobre pertenencia.
Sobre si su lugar de nacimiento –o sus raíces, o su herencia– merece un lugar en su futuro.

Y para millones de familias de la diáspora, este proyecto de ley lo deshace todo.


Piense en los estadounidenses que:

  • Creció en el extranjero

  • Viaja regularmente entre países.

  • Tener fuertes vínculos familiares, patrimoniales y comerciales en el extranjero.

  • Depender de los privilegios de la doble ciudadanía

Para ellos, este proyecto de ley no es una teoría.
Es devastación.

Una vez obligados a elegir, muchos pueden perder:

  • Su derecho a regresar a los EE. UU. si eligen la ciudadanía extranjera

  • Acceso a seguridad social, beneficios de jubilación y pasaportes estadounidenses.

  • Toda su vida estadounidense se ha construido durante décadas.

Esto no es sólo una política.
Esto es un exilio por legislación, para personas que nunca esperaron renunciar a ninguno de los dos países.


Sus defensores argumentan que el proyecto de ley trata sobre la “lealtad indivisa”, la seguridad nacional y la prevención de enredos extranjeros.

¿Pero el efecto real?
Despoja a la gente de doble identidad.
Castiga la ciudadanía global.
Favorece el aislamiento sobre la movilidad.

Es una declaración: «Nosotros decidimos qué país cuenta. No usted».

En una era de migración global, diásporas e identidades duales, este proyecto de ley rechaza la complejidad. Exige conformidad.


Si se aprueba, este proyecto de ley podría:

  • Impulsar a miles de personas a renunciar a la ciudadanía estadounidense: residentes permanentes, diáspora, titulares de doble pasaporte.

  • Envía una señal escalofriante a los inmigrantes: “Una vez que te estableces, debes cortar los lazos para siempre”.

  • Dañar el poder blando de Estados Unidos como nación multicultural y amiga de los inmigrantes.

  • Reducir la reserva de talentos para empresarios globales, inversiones de la diáspora, comercio transfronterizo y relaciones internacionales.

En resumen, podría convertir la narrativa de puertas abiertas de Estados Unidos en una fortaleza de puertas cerradas.


Se supone que la ciudadanía es seguridad.
Un derecho.
Una pertenencia.

Pero la Ley de Ciudadanía Exclusiva de 2025 lo trata como una prueba: una prueba de lealtad con un reloj en marcha.

Para los ciudadanos con doble nacionalidad (diáspora de larga data, familias globales, profesionales transfronterizos) esto ya no es sólo una política.
Es personal.

Si Estados Unidos aprueba este proyecto de ley, no solo cambiará las leyes: cambiará lo que significa ser americano.

Y para muchos, la verdadera pregunta será:
¿Aún vale la pena quedarse?






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