Diez años después de la adopción del Acuerdo de París, ha llegado el momento de valoraciones y preguntas. Auditado en el Senado en el marco de la misión de información titulada «La diplomacia climática francesa puesta a prueba en un mundo en tensión», el ex Presidente de la República, François Hollande, salió a defender un acuerdo que califica de «histórico» y «debilitado por la evolución geopolítica». Por iniciativa del grupo de los Demócratas, Progresistas e Independientes (RDPI), esta misión pretende medir la capacidad de Francia para mantener la influencia climática en un contexto internacional marcado por conflictos y retiradas nacionales.

Un método diplomático sacado de fracasos pasados

Desde la apertura, el presidente de la comisión, Rachid Temal, recuerda el papel central de François Hollande en la firma del acuerdo en 2015 y le invita a volver a «las razones que [l’]»Nos impulsó a invertir en este tema», así como en su visión retrospectiva. El ex Jefe de Estado destaca inmediatamente las lecciones aprendidas del fracaso de la conferencia internacional de Copenhague en 2009, cuyo objetivo era frenar el calentamiento global. «Pensábamos que una reunión de Jefes de Estado sería suficiente para concluir un acuerdo. «Fracasó», explica. Por el contrario, el método adoptado para la COP21 se basa en un trabajo diplomático a largo plazo, en el que participan todos los Estados. Durante dos años, Francia llevó a cabo una intensa actividad diplomática, movilizando tanto a las grandes potencias como Estados Unidos y China, como a los países más vulnerables. «Era necesario implicar a los Estados más decisivos, así como a los más expuestos, en particular a los amenazados por la crecida de las aguas», subraya. Esta estrategia se basa también en un nuevo principio: pedir a cada país que formule sus compromisos por escrito. «La suma de Estas contribuciones deberían permitir contener el calentamiento”, recuerda François Hollande, refiriéndose al objetivo de limitar el aumento de las temperaturas a 1,5°C.

“Siempre hay buenas razones para no respetar los compromisos”

Diez años después, François Hollande hace una observación consciente. Si bien el acuerdo sigue siendo “la piedra angular de la gobernanza climática global”, hoy se ve sacudido por múltiples crisis: guerras, tensiones energéticas, crisis económicas. «Siempre hay buenas razones para no respetar los compromisos», observa, señalando una jerarquía de prioridades desfavorable para el clima en tiempos de crisis. Sin embargo, insiste en la necesidad de mantener el rumbo: «La diplomacia climática no es una cuestión de circunstancias, sino de coherencia».

La senadora adscrita al grupo RDSE, Sophie Briante Guillemont, cuestiona precisamente esta constancia, evocando las recientes reducciones de la ayuda pública al desarrollo. “¿Podemos seguir hablando de la continuidad de la diplomacia climática francesa?”, pregunta. François Hollande reconoce “variaciones” en el compromiso francés y europeo. Lamenta especialmente que Europa no haya podido compensar la retirada de Estados Unidos de numerosas organizaciones durante la administración Trump. “Fue un tema de influencia considerable”, subraya. Añade que en ese momento “Europa cometió un gran error”.

Una evaluación “ambivalente” y objetivos insuficientes

La senadora comunista Michelle Gréaume hace un balance crítico: si el acuerdo ha cambiado la trayectoria del calentamiento, los compromisos siguen siendo insuficientes y poco restrictivos. François Hollande reconoce una debilidad estructural del acuerdo: «No era un dispositivo vinculante. No hubo sanciones. » También admite un gran error de evaluación: «Subestimamos el alcance del calentamiento. » Sobre la cuestión del precio del carbono, que califica de “arma esencial”, lamenta la ausencia de una coalición internacional eficaz, en referencia a los persistentes bloqueos europeos.

En conclusión, el ex presidente llama a continuar la movilización, más allá de las grandes conferencias internacionales. “Tenemos que trabajar para las grandes COP participando en todas las pequeñas”, resume. Pide un aumento de las iniciativas temáticas, sobre glaciares, costas o desertificación, para mantener la presión internacional y la atención pública. “Hay al menos un área que nos une a todos: saber si todavía podremos habitar el mismo planeta en las próximas décadas”, insiste. Concluye destacando el enfoque de esta misión de información que contribuye a la conciencia colectiva y quizás a las decisiones del futuro Presidente de la República.



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