Ante la progresión sostenida de las enfermedades crónicas y la creciente presión ejercida sobre sus estructuras sanitarias, Marruecos está iniciando una importante reconfiguración de su sistema sanitario apoyándose en las tecnologías digitales. La telemedicina, Internet de objetos médicos (IoMT), inteligencia artificial (IA), historias clínicas electrónicas interoperables y plataformas nacionales de intercambio de datos constituyen los pilares de un modelo en ciernes, diseñado para reformar la coordinación de la atención, mejorar la continuidad terapéutica y garantizar una mayor equidad territorial.
Publicado el 3 de marzo en la plataforma científica. Preimpresionesun artículo académico escrito por Zineb Sqalli Houssaini, Younes Balboul y Anas Bouayad proporciona una descripción detallada de los desafíos de salud nacionales y propone una arquitectura digital integrada. El texto recuerda que las enfermedades no transmisibles representan la principal causa de mortalidad en Marruecos, indicando que “representan el 85% de la mortalidad total y una tasa de mortalidad prematura del 24% entre las personas de 30 a 70 años«. Señalan también que la diabetes afecta al 12,4% de la población adulta mientras que la hipertensión afecta al 32,4% de los adultos.
La transición epidemiológica nacional se caracteriza por una preeminencia masiva de patologías crónicas. El documento afirma que “Las enfermedades no transmisibles son responsables del 85% de la mortalidad total en Marruecos” y precisos en el mismo movimiento que conducen “una tasa de mortalidad prematura del 24% entre las personas de 30 a 70 años”añadiendo que esta mortalidad es atribuible “principalmente enfermedades cardiovasculares, cánceres, diabetes y afecciones respiratorias crónicas”.
Estos datos perfilan un marco sanitario dominado por condiciones progresivas que requieren un seguimiento constante. El texto explica que “el manejo de las enfermedades crónicas requiere un seguimiento a largo plazo, una coordinación multidisciplinaria y una implicación activa de los pacientes en el autocuidado de su estado de salud”al tiempo que enfatiza que “Los sistemas de atención tradicionales, centrados en consultas puntuales en los hospitales, luchan por responder eficazmente a estas necesidades”. Él agrega que “Los retrasos en el diagnóstico y la falta de continuidad de la atención contribuyen al empeoramiento de las complicaciones y al aumento de los costos médicos”.
Las disparidades territoriales acentúan estas fragilidades. El documento observa que“una parte importante de la población marroquí reside en zonas rurales donde el acceso a los servicios sanitarios sigue siendo limitado” y precisa que estos territorios están sufriendo “un número limitado de profesionales de la salud y, a menudo, recursos financieros insuficientes”lo que resulta en “Barreras persistentes para el acceso a atención especializada y programas de detección temprana”. Ante esta situación, la transformación digital se describe como un vector de reconfiguración estructural. El texto afirma que “La transición a la salud digital en Marruecos ofrece un potencial considerable para mejorar la autogestión de los pacientes y la gestión de las enfermedades crónicas”pero al mismo tiempo advierte que “Esta transición sigue estando limitada por sistemas de información heterogéneos y poco interoperables en los diferentes niveles de atención”.
Interoperabilidad y gobernanza de los datos sanitarios
La construcción de una arquitectura nacional coherente constituye el eje de esta evolución. El documento enfatiza que “La ausencia de una arquitectura nacional integrada y de estándares estandarizados para compartir datos crea una brecha estructural de interoperabilidad” e indica que esta fragmentación “Dificulta la implementación efectiva de la telemedicina, IoMT y sistemas de apoyo a la decisión clínica”. Precisa que una infraestructura unificada requiere “el establecimiento de estándares comunes que permitan el intercambio seguro y fluido de datos entre establecimientos públicos y privados”.
La telemedicina juega un papel central en este sistema. El texto explica que ella “permite realizar consultas, diagnósticos y seguimiento a distancia, especialmente en zonas rurales o desatendidas” y agrega que ella “reduce las barreras geográficas y mejora el acceso a la atención especializada”contribuyendo a “descongestionar los establecimientos hospitalarios y mejorar la continuidad de la atención”.
Las tecnologías conectadas completan esta arquitectura. El documento afirma que el Internet de las cosas médicas «permite la recopilación en tiempo real de datos de salud como la presión arterial, los niveles de glucosa y la frecuencia cardíaca» y destaca que esta colección continúa “facilita la intervención temprana en caso de complicaciones y mejora el seguimiento de los pacientes con enfermedades crónicas”. Precisa además que estos dispositivos “promover el empoderamiento del paciente ofreciéndole retroalimentación inmediata sobre su estado de salud”.
La inteligencia artificial se utiliza para el análisis avanzado de datos clínicos. El texto afirma que ella «puede analizar imágenes médicas, predecir la progresión de la enfermedad y apoyar la toma de decisiones clínicas»añadiendo que ella «mejora la precisión del diagnóstico y ayuda a identificar perfiles de riesgo a partir de grandes conjuntos de datos». Sin embargo, subraya que su despliegue requiere “un marco regulatorio estricto que garantiza la protección de los datos personales y la transparencia de los algoritmos utilizados”.
Expediente médico compartido y continuidad del itinerario asistencial
La estructuración del expediente médico compartido constituye otro eje central. El documento afirma que la digitalización depende de “el establecimiento de una historia clínica compartida que permita identificar, acompañar y evaluar el itinerario asistencial de cada paciente” y especifica que este dispositivo debe funcionar “en estricto cumplimiento de las leyes relativas a la protección de datos y la confidencialidad de la información médica”. Añade que un sistema nacional integrado debe “recopilar, analizar y monitorear datos de establecimientos públicos y privados para mejorar la planificación sanitaria”.
Sin embargo, el texto reconoce que el despliegue sigue siendo progresivo. Él menciona que “la mayoría de los programas digitales permanecen en la etapa piloto o en la fase inicial de implementación” y observa que “la ausencia de indicadores estandarizados y de datos públicos relacionados con los resultados clínicos y económicos limita la evaluación objetiva de su eficacia”. Esta situación exige una formalización más rigurosa de los mecanismos de evaluación.
La formación de los profesionales sanitarios también es una palanca decisiva. El documento enfatiza que “Desarrollar las habilidades digitales de los profesionales es fundamental para asegurar la adopción y uso efectivo de las nuevas tecnologías” y precisa que este desarrollo supone “Programas de educación continua adaptados a las necesidades específicas de médicos, enfermeras y gestores sanitarios”.
Finalmente, la participación activa de los pacientes parece ser un factor clave; también herramientas digitales “puede promover la participación del paciente en el autocontrol de su enfermedad y mejorar la adherencia a los tratamientos”contribuyendo a “mejor coordinación de la atención y reducción de complicaciones evitables”.






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