«La voz negativa», «… la pasión por el tenis» y «… el 1% de posibilidades» son algunos de los nombres que podrían titular la biografía de Paula Badosa. Para ello falta, lo que no sabe es cuánto falta y así le desmenuzó en el Día de los medios del WTA 500 de Charleston.

“Creo que todos los jugadores tenemos esas voces dentro de nuestra cabeza. Hay veces que las puedes controlar, puedes silenciar esas voces negativas un poco mejor, pero luego hay otros momentos en tu vida en los que resulta imposible, simplemente no puedes. Personalmente, ha sido una etapa muy difícil para mí, desde que me lesioné hace más de un año ha sido un período de tremenda dificultad”, comenzó su análisis profundo de actualidad.

Y se extendió sobre las dudas que surgen de adentro hacia afuera o viceversa. ¿Cómo es?: “Siempre habrá personas que duden de ti cuando vengan tiempos complicados, cuando las cosas no vayan como se supone que deben ir, o cuando no se cumplen las expectativas. Eso ya lo sé, siempre lo he tenido muy presente, pero lo que más me duele es cuando soy yo la que duda de mí misma. Este es el lugar en el que estoy ahora, dudando absolutamente de todo, tanto de mi cuerpo como de mi tenis”.

“Al inicio del año fue muy difícil controlar mis pensamientos. De cabeza estaba siendo demasiado dura conmigo misma. En cierto modo, todavía lo soy a día de hoy, todo porque quiero recuperar ese tiempo que perdí. Esto es lo que más ansiedad me está generando, el hecho de no aceptar dónde estoy ahora mismo cada vez que miro la clasificación. Realmente no estoy acostumbrada a verme en este lugar en el que me encuentro ahora, por eso es una batalla mental interna que debo lidiar conmigo misma. Estoy tratando de hacerle frente, verlo todo con perspectiva y poner un poco de paciencia”, agregó la número 113 del ranking mundial.

El instinto de supervivencia y el amor por lo que hace la mantienen del otro lado de la red y lejos del retiro: “Todos los días pienso en ello… pero, justo en ese momento, aparece algo que es todavía más fuerte y poderoso: todavía tengo fe, todavía creo en mí misma. Sé que en el fondo lo tengo, amo demasiado este deporte, tengo tanta pasión por el tenis que lo noto cada vez que piso una cancha para competir. Se me pone la piel de gallina sin importar dónde juegue, simplemente me encanta vivir esos momentos”.



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