Imagínese la escena: está caminando por el centro y ve a alguien que se parece al cartel de búsqueda de un sospechoso de secuestro de niños hace 9 meses. ¿(1) confía en su criterio y llama a la policía o (2) lo ignora, asume que debe estar equivocado y continúa con su día? El caso de Elizabeth Smart destaca a cuatro personas que se encontraron exactamente en esa situación, y cuyo coraje, conciencia y compromiso de ser espectadores activos desempeñaron un papel crucial para traer a un niño desaparecido a casa.
Elizabeth Smart fue secuestrada en su dormitorio en Salt Lake City, Utah, en junio de 2002, a la edad de 14 años, con su hermana menor como única testigo. Durante nueve meses, sus secuestradores, Brian David Mitchell y Wanda Barzee, la mantuvieron cautiva y la trasladaron a distintos lugares mientras estaba disfrazada con una mortaja que ocultaba su rostro. Varios meses después del secuestro, la hermana de Elizabeth, Mary Katherine, se dio cuenta de que la persona que había estado en su dormitorio esa noche era ‘Emmanuel’, un hombre que previamente había completado su trabajo en la casa de los Smart. ‘Emmanuel’ fue identificado más tarde como Brian David Mitchell, y su imagen circuló entre los medios de comunicación, incluso en el programa de televisión. Los más buscados de Estados Unidos.
El momento del espectador activo
El punto de inflexión en el caso se produjo en marzo de 2003, cuando el público notó a un hombre acompañado por dos mujeres con velo en Sandy, Utah. El hombre coincidía con la descripción pública del sospechoso y las mujeres parecían retraídas y evitaban el contacto visual. Ese día, dos parejas diferentes en la calle de Sandy confiaron en sus instintos cuando creyeron reconocer a Mitchell, y ambos contactaron a la policía de Sandy para compartir la ubicación del grupo. Esta decisión resultó fundamental, ya que la policía respondió rápidamente, interrogó a los individuos y finalmente confirmó la identidad de la niña como Elizabeth Smart. Las acciones de los transeúntes activos en Sandy ese día condujeron directamente al rescate de Elizabeth.
La psicología del espectador activo
Desde una perspectiva psicológica, la acción de los espectadores en Sandy resalta varios factores clave que apoyan el comportamiento activo de los espectadores:
- Conciencia situacional: Los transeúntes de Sandy prestaron atención a su entorno y, al hacerlo, detectaron al posible perpetrador en sus alrededores. Vera et al (2023) destacaron la importancia de ser consciente de su entorno y ser capaz de reconocer una situación de emergencia cuando surja, para estar en una buena posición para poder actuar.
- Superar la difusión de responsabilidad: En lugar de asumir que alguien más denunciaría la situación, los transeúntes de Sandy aceptaron la responsabilidad personal de actuar y tomaron la decisión de llamar a la policía. Mayordomo y cols. (2022) examinaron el papel de la responsabilidad y descubrieron que las personas están consistentemente más dispuestas a intervenir si se ven a sí mismas como si tuvieran la responsabilidad personal de actuar. En otras palabras, si nos vemos como miembros activos de nuestra comunidad, con la responsabilidad de cuidar de quienes nos rodean, es más probable que demos un paso al frente para ayudar si es necesario.
- coraje moral: Esta es la capacidad de actuar, incluso cuando tememos que pueda tener consecuencias negativas. Es posible que los espectadores de Sandy temieran pasar vergüenza si se hubieran equivocado, o tal vez incluso que los vieran como interfiriendo en una situación que no les concernía. Pese a ello, priorizaron la seguridad sobre el riesgo de malestar social y optaron por actuar. Liu y cols. (2025) enfatizaron la importancia de esta evaluación de costos en el proceso de toma de decisiones para los espectadores, y la importancia de tener un deseo subyacente de hacer lo moralmente correcto.
- Confiando en tu intuición: Silver (2023) descubrió que la probabilidad de que una persona intervenga en una situación está estrechamente relacionada con su voluntad de seguir su propia intuición. En otras palabras, su probabilidad de ser un espectador activo depende de su voluntad de escuchar sus «corazones», incluso cuando hacerlo pueda ir en contra de las normas sociales. En el caso de los transeúntes de Sandy, optaron por confiar en sus instintos de que la persona que vieron era en realidad Mitchell, e hicieron esas llamadas telefónicas cruciales a la policía.
El papel de los espectadores activos en el caso de Elizabeth Smart demuestra que las decisiones de un extraño pueden desempeñar un papel decisivo en la prevención de daños continuos. Los esfuerzos de aplicación de la ley y la cobertura de los medios fueron esenciales en este caso, pero no fueron suficientes por sí solos. Se necesitaron las acciones de ciudadanos atentos que estaban dispuestos a actuar para, en última instancia, cambiar el resultado del caso. Esto sirve como un recordatorio convincente de que las acciones individuales importan. Al darse cuenta, confiar en sus instintos y estar dispuestos a actuar, los espectadores de Sandy demostraron que cada uno de nosotros tiene el poder de interrumpir el daño y salvar vidas, simplemente estando dispuestos a dar un paso al frente y actuar.






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