Pocos tenistas más cercanos a la gente ‘normal’ existen que Carlos Alcaraz. El murciano mantiene esa manera de ser tan particular y sencilla pese a ocupar el primer puesto del ránking ATP y ser el gran nombre del tenis a nivel mundial.
[–>[–>[–>Ningún aire de grandeza y disfrutar de las cosas mundanas, esa puede ser la fórmula del éxito de un deportista que rompe con el estereotipo del obseso metódico que no puede hacer nada más que centrarse en su entrenamiento, el descanso y la alimentación.
[–> [–>[–>Carlos Alcaraz jugando al golf. / X
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Un buen ejemplo de ello es lo que más le gusta hacer tras competir en un torneo de máxima exigencia: nada de viajes exóticos, ni compras extravagantes. «Volver a casa, a mi pueblo«, señala el tenista murciano en una entrevista con ‘OK Diario’ sobre su plan perfecto.
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En realidad, tiene sentido porque más que su lugar de relax y donde vivió toda su infancia, El Palmar le sirve como una vía de escape después de exigirse tanto a nivel físico y mental: «En mi pueblo intento no cohibirme de hacer nada. Salgo a pasear, voy a algún parque, estoy con algún amigo en un parque simplemente sentado, hablando con él…«, comenta.
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Alcaraz en Doha / ATP
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En este sentido, Alcaraz confirma que tras una competición, lo único que necesita es desconexión: «Esas pequeñas cosas son las que me hacen desconectar. Lo que me hace volver a sentirme el Carlitos de pequeño«, explica.
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Sin esto, seguramente no sería capaz de mantenerse en lo más alto, por contradictorio que pueda parecer a otros perfiles, ya que «es lo que realmente me genera volver a cargar baterías y volver a estar fresco mentalmente«.
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Carlos Alcaraz de niño, en 2013, cuando vivía en El Palmar. / Nacho García / AGM
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Una de las claves para ello es haber podido disfrutar de una buena infancia, que recuerda como «una etapa muy bonita» de su vida, en la que «vivía feliz y en un entorno cariñoso, sin grandes lujos«, aunque asegura que no necesitaba nada más para sentirse lleno.
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Además, apunta que su vida actual cuando llega allí no es demasiado distinta de lo que vivía de niño, así que esto es precisamente lo que ayuda a desestresar la mente del tenista: «He sido un niño más, criado en El Palmar, en una familia media, que correteaba por el parque con sus amigos, que iba al cole de su barrio, sin lujos«, se enorgullece el número uno mundial actual.
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