El Sevilla va a terminar la temporada cansado de jugar finales. Una detrás de la otra. Pero es que no le queda otra a un equipo que firmó la mitad de sus puntos actuales en las primeras ocho jornadas y que ha hecho esa misma puntuación en las 16 siguientes, es decir, se ha metido sólo en un lío de indescifrables consecuencias. La caída a los infiernos está cada día más cerca y ahora le toca salir dos jornadas consecutivas de su estadio para buscar un tesoro en forma de puntos como visitante, justo cuando todos los equipos se hacen más fuertes en sus estadios. Nada le viene bien al Sevilla al parecer. Ni jugar con la presión de ganar delante de su gente, ni tampoco hacerlo como incómodo visitante. Un gen competitivo que ha ido perdiendo el conjunto de Nervión, que no gana fuera del Sánchez-Pizjuán desde finales de septiembre y que si consigue alguna de aquí al final de curso le sentará como beberse un trago de propia vida. Y vivir esta situación tan compleja, en ese ambiente de todos contra mí instalado en el vestuario, puede resultar contrario a tus propios intereses, puesto que se ha demostrado que los jugadores saltan al campo entre excitados y nerviosos. Matías Almeyda no estará en el banquillo. Primer partido de sanción. ¿Cómo se sentirán los jugadores del Sevilla?



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