Según se informa, el presidente ruso Vladimir Putin se trasladó a búnkeres fortificados y no ha sido visto en el Kremlin desde el 9 de marzo de 2026. La medida se produce tras el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, el 28 de febrero y la posterior inestabilidad regional.
Según informes de TSN.ua y 112.ua, la ausencia del líder ruso de su oficina oficial ha provocado importantes especulaciones sobre la estabilidad del liderazgo de la nación. Los expertos sugieren que la retirada es una medida de seguridad estratégica en medio de los cambiantes paisajes de seguridad en Medio Oriente y Rusia.
Las medidas de seguridad en Moscú se han intensificado junto con estos acontecimientos, con el despliegue de aproximadamente 276.000 cámaras de vigilancia en toda la ciudad. Si bien pretende reforzar el control sobre los espacios públicos, los analistas citados por 112.ua advirtieron que redes tan extensas siguen siendo vulnerables a violaciones de seguridad o manipulación digital.
La crisis regional se profundizó el 17 de marzo cuando también fue asesinado Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán. Esta segunda muerte de alto perfil en Teherán aceleró aún más la retirada de Putin a instalaciones protegidas para proteger al jefe de Estado de posibles amenazas.
Además de la reubicación física, los informes indican el cierre de ciertos servicios de Internet para evitar escenarios de seguridad peligrosos. Los observadores continúan monitoreando la situación mientras la eliminación de figuras iraníes clave impacta tanto la política interna rusa como su posición diplomática internacional.









