Los fanáticos argentinos se quedarán con las ganas de vitorear a Lionel Messi, que este domingo cerró su prolífica historia en los mundiales al disputar la final contra España. El plantel, que ayer cayó 1-0 ante la Roja, arribó al país sin su figura central y recorrió apenas unos pocos kilómetros: desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza hasta el predio que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) tiene en la misma localidad, en las afueras de Buenos Aires. Si bien Javier Milei había anticipado que decretaría un feriado para habilitar una fiesta popular, el plan fue suspendido por decisión de los jugadores. El recibimiento se limitó a un acto protocolar, similar al que se ofrece a los jefes de Estado cuando llegan en visita oficial.
“Tras la final, algunos futbolistas del plantel partirán directamente desde los Estados Unidos hacia distintos destinos para reincorporarse a sus clubes o iniciar su período de descanso”, informó la AFA en un comunicado oficial. Este es el caso de Messi que, según trascendió, viajaría directamente a la ciudad argentina de Rosario este martes, para pasar un tiempo con su familia. El resto de la delegación, compuesta por jugadores, cuerpo técnico y miembros del staff, aterrizó en el país pasadas las seis y media de la tarde (hora local).
El equipo comenzó a descender del avión mientras la banda de los Granaderos tocaba la canción “Muchachos”, que fue insignia del Mundial 2022. El primero en aparecer en las escalinatas fue el presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, secundado por el subcapitán del equipo, Nicolás Otamendi, y el director técnico, Lionel Scaloni. Con el rostro serio, todos se encaminaron rápidamente a los dos ómnibus que los trasladaron al predio de AFA. Sobre el arcén de la autopista había autos estacionados de fanáticos que, a pesar de la lluvia, agitaban banderas con la ilusión de que ocurriera lo que no estaba previsto pero finalmente sucedió: los jugadores y el cuerpo técnico saludaron desde uno de los micros, convertido en descapotable.
“El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida”, escribió Messi en sus redes sociales horas antes de que llegaran sus compañeros. “Hoy cuesta valorar lo que hicimos, pero este grupo llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo”, matizó, sin dar detalles respecto de sus planes hacia adelante. “Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos”.
Ezeiza amaneció este lunes con una fuerte presencia de fuerzas de seguridad. El Gobierno nacional, en coordinación con las autoridades de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires, desplegó un operativo en los accesos al aeropuerto para ordenar el tránsito y resguardar los vehículos a cargo del transporte de la Albiceleste.
“Dada la inquietud sobre los festejos por el logro alcanzado por la selección argentina, comunico a la población que, en función de lo que decidan los jugadores y el cuerpo técnico respecto del día para celebrar, este será declarado feriado nacional”, escribió Milei en X el domingo por la noche, una vez terminada la final que consagró campeón a España. Pocas horas después, ese plan ya había naufragado. “Es por pedido de los jugadores y el cuerpo técnico. Hubo contactos informales con ellos, y luego también con gente de la AFA. No había ánimo para festejar y varios jugadores no vienen en este vuelo a Ezeiza”, explicaron fuentes gubernamentales a Clarín.
La selección argentina tuvo un recibimiento de honor, protocolar y sin el protagonismo de los fanáticos, verdadero combustible anímico del equipo. Tanto las autoridades de Aerolíneas Argentinas, a cargo del vuelo de regreso, como las fuerzas de seguridad activaron un dispositivo similar al que se dispone para las comitivas de mandatarios que visitan el país y resguardaron el traslado hacia el predio de la AFA, que se realizó sin desvíos.

Milei no participó del recibimiento, al igual que ninguno de los integrantes de su Gabinete. “Está garantizado que no habrá ninguna figura política ni persona vinculada a la política que empañe o intente apropiarse de un logro que es de este grupo extraordinario de jugadores”, había dicho antes del último partido, cuando puso a disposición la Casa Rosada para que, fuera cual fuera el resultado, los jugadores saludaran desde el balcón que da a la Plaza de Mayo.
En el Mundial anterior, cuando la Albiceleste se consagró campeona, los jugadores decidieron no ir a la Casa Rosada y, al regresar de Doha, recorrieron las calles a bordo de un ómnibus descapotable. Ese 20 de diciembre de 2022, una multitud imposible de calcular, aunque estimada en cinco millones de personas, salió a las calles de Buenos Aires y su periferia para intentar verlos pasar. Messi y el resto de los jugadores bebían y saludaban bajo un sol furioso, mientras la gente enloquecía al verlos avanzar por los pocos kilómetros de la autopista Riccheri que pudieron recorrer. Fue un festejo desbordado, la concentración más grande que recuerde el país, que debió suspenderse abruptamente antes de que el ómnibus lograra ingresar a la ciudad de Buenos Aires para garantizar la seguridad de hinchas y jugadores.
Los millones de argentinos que esperaban entonces en la Plaza de Mayo, el Obelisco y el recorrido previsto del ómnibus ya no pudieron ver a Messi, pero la alegría de esa jornada histórica no se vio opacada. Como tampoco lo estuvo este lunes la gratitud hacia el capitán de la selección argentina, aunque haya faltado su presencia.








