Para aumentar la fiebre mundialista, se estrenó la película México 86 con Diego Luna que, son tintes de sátira y humor negro, relata la apuesta descabellada con la que nuestro país logró quedarse con la sede del Mundial de 1986, una audaz hazaña posible solo gracias al puro ingenio mexicano.

La película es dirigida por Gabriel Ripstein con un guion de Daniel Krauze inspirado en el libro El 86: el año en que México cambió al mundoescrito por el comentarista deportivo Francisco Javier González.

Aunque toma de base algunos hechos reales, algunas de esas anécdotas fueron exageradas o tienen elementos de ficción con fines de entretenimiento. Sin embargo, uno de los eventos más absurdos que vemos en la trama sí sucedió y fue la manera en la que México ganó la sede del Mundial de 1986.

Te contamos más de la historia real detrás de este suceso que marcó a nuestro país.

Colombia y el Mundial que no fue

Originalmente, Colombia iba a ser la sede del Mundial de 1986, pero el país renunció oficialmente a su organización en 1982, convirtiéndose en el único país en la historia de la FIFA que rechazó un mandato mundialista ya otorgado.

El país había sido designado como la sede de la Copa del Mundo desde 1974, pero en casi una década sucedieron enormes cambios en el país que impedían la realización del evento con los estándares de la FIFA. Cabe subrayar que para el momento en que la sede fue otorgada a Colombia, la Copa Mundial de Fútbol la disputaban 16 selecciones, pero el formato fue ampliado a 24 desde la edición de 1982, lo que aumentaba costos.

Del 74 al 82, el país se vio sumido en una recesión económica, inflación, crisis del sistema bancario y un incremento en el conflicto armado interno.

El presidente Belisario Betancur Cuartas anunció en televisión nacional la cancelación definitiva del torneo. En su discurso inmortalizó la frase: «El Mundial debía servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial».

Para la elección de la nueva sede hubo cuatro países candidatos: Canadá, Brasil, Estados Unidos y México, aunque Brasil se retiró al poco tiempo.

El «dream team» que luchó por el México 86

La película México 86 se centra en el personaje ficticio Martín de la Torre, interpretado por Diego Luna. Aunque esa persona no existió como tal, se asume que está inspirado en Rafael del Castillo, quien fue presidente de la Federación Mexicana de Futbol de 1980 a 1988 y le tocó organizar el Mundial de 1986.

En la película vemos que Martín de la Torre es el encargado de conseguir que nuestro país sea la sede de la Copa del Mundo junto a Guillermo Cañedo (interpretado por Álvaro Guerrero), quien en la vida real era la mano derecha del «El Tigre» Azcárraga, dueño de Televisa (interpretado por Daniel Jiménez Cacho en la película) y se encargó de ganarle la sede del Mundial 1970 a Argentina.

Aunque en la producción de Netflix solo vemos a este par viajando y haciendo todo lo posible para que «la pelota vuelva a casa», en la historia real de cómo México fue sede del Mundial 86 hubo un «dream team» mucho más grande de directivos y empresarios al que se le encomendó tremenda hazaña conformado por:

Justino Compean, Oscar Gutiérrez (experto abogado que trabajaba en ese entonces en la oficina de Cañedo), Rafael del Castillo, Rómulo O’Farril, Emilio Diez Barroso y hasta Fernando Schwartz.

Así fue como con el apoyo incondicional del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, este «dream team» inició la tarea de visitar una a una las 24 federaciones que componen el Consejo de la FIFA para explicar por qué México era la mejor opción como sede.

La pesadilla: Henry Kissinger

La realidad es que México tenía dos enormes ventajas desde que se postuló como candidato del Mundial 86. Ya habíamos sido sede anteriormente, por lo que existía la infraestructura necesaria. La segunda ventaja era que John Havelangeentonces presidente de la FIFA, simpatizaba con la candidatura mexicana más que con ninguna otra.

Pero aún así, México tenía que hacer su lucha y convencer a todos de que éramos la mejor opción. Canadá no parecía ser rival, pues ni tenía los estadios suficientes. Y aunque Estados Unidos tampoco contaba con estadios especializados para el futbol soccer, contaban con una gran amenaza: Henry Kissinger, exsecretario de Estado y exconsejero de Seguridad Nacional.

Como gran aficionado al futbol, Kissinger encabezó un agresivo esfuerzo diplomático y financiero para llevar el Mundial a Estados Unidos y detonar el crecimiento del deporte en el país. Su sola figura representaba una amenaza para cualquier «dream team», pero además Kissinger también consiguió como asesores a los exjugadores Pelé y Franz Beckenbauer (campeones del mundo y leyendas en mundiales), que se convirtieron en rostros de este equipo de Estados Unidos.

La batalla en Estocolmo por el Mundial 86

Tal y como lo muestra la película México 86en Estocolmo, Suecia, es donde se reunió el Consejo de la FIFA para desarrollar su congreso y elegir entre las tres candidaturas quién sería la sede del Mundial de 1986.

Y tal y como también muestra la historia con Diego Luna, la noche anterior a la votación el «dream team» mexicano prácticamente no durmió al darse cuenta que los votos que tenían asegurados estaban cambiando hacia Estados Unidosmuy probablemente gracias a las agresivas negociaciones de Kissinger que prometía alianzas a nivel de relaciones políticas y de gobiernos.

Parecía que México no tenía mucho que hacer, pues en ese sentido no podíamos ofrecer algo más. Sin embargo, se las ingeniaron para sacar el «colmillo mexicano» y poner todo a su favor.

El cambio de último minuto

Tal cual a menos de 24 horas de la votación, el dream team mexicano decidió modificar las carpetas de evaluación de cada sede que se analizarían el día de la votación. De acuerdo al libro El 86: el año en que México cambió al mundo detrás de esta hazaña estuvieron Cañedo, Del Castillo y el mismísimo Havelange.

Por un error técnico, la federación estadounidense no había entregado antes de la hora límite uno de los formularios con los que se formalizaba su solicitud para ser sede. Además, los estadios propuestos por Estados Unidos no habían sido revisados por la FIFA.

Diego Luna como Martín de la Torre, Roberto Martínez como Hernann Neuberger, Álvaro Guerrero como Guillermo Cañedo en «México 86». Foto: Netflix

Esto último fue lo más relevante, pues convencieron al alemán Herman Neubergerpresidente del Comité de Evaluación, de incluir una nota en las carpetas que mencionara que EE.UU no tenía ni un solo estadio verificadopor lo que se desconocían las condiciones de los estadios y qué tan funcionales serían.

El «complot» a la presentación de Estados Unidos

Llegó el día decisivo. Cada uno de los candidatos tenía veinte minutos para hacer una presentación donde justificarían por qué su país es la mejor opción para ser la sede del Mundial 86. Los contendientes no podrían estar presentes en la presentación de los demás aspirantes y esperarían su turno fuera del salón.

Empezó Canadá y mientras México esperaba afuera sucedió lo inimaginable. Francisco Javier González relata en su libro que una mujer entró al lobby del hotel y abordó a Rafael del Castillo preguntándole por la ubicación de Henry Kissinger.

La mujer estaba acompañada por más de 50 manifestantes que deseaban encarar al exsecretario de Estado por acontecimientos relacionados al asesinato del ex primer ministro italiano Aldo Moroen 1978. Se le acusaba de que bajo la administración del presidente Carter presionó a las Brigadas Rojas para asesinarlo.

Como cualquiera hubiera hecho, Del Castillo aprovechó la ocasión y le dijo a la señora que Kissinger no entraría por la puerta principal, sino por la de atrás. La señora y los manifestantes le hicieron caso y se dirigieron al lugar para esperar al estadounidense.

Llegó el turno de México y el dream team hizo su presentación en orden; incluso, se tardaron menos de los 20 minutos que tenían.

«Cuando Joseph Blatter hizo llamar a la delegación de Estados Unidos para ingresar al salón, ninguno de ellos estaba ahí«, relata Javier González. «Los manifestantes habían bloqueado la entrada para impedirle el paso a Kissinger y su comitiva, generando un atorón que seguridad tardó en resolver».

Cuando Kissinger y su equipo por fin lograron llegar ya era tarde. Havelange les llamó la atención por su impuntualidad en un momento tan importante y le dijo que de los 20 minutos que tenían, ya solo le quedaban 10.

El cambio de votos (o la democracia que no existió)

Sobre el momento de la votación de la sede del Mundial de 1986 existen dos versiones.

La primera es la que se retrata en la película México 86, donde se puede ver cómo el personaje de Diego Luna se logra colar a la sala donde todo se decidiría y cambió el orden en el que estaban sentadas las personas responsables de emitir su voto. Así, dejaba en primer lugar a las personas que estaba seguro votarían por México para provocar un «efecto dominó» e influir en el voto del resto.

En el libro, escrito por Francisco Javier González, se explica más a fondo esta maniobra dejando ver que Havelange también estuvo de acuerdo con esta táctica:

«Ello respondía a otra maniobra maestra de Guillermo Cañedo, que sabía quiénes estaban a favor de la candidatura mexicana y quiénes no. Solicitó a Joao Havelange que esta vez los votantes no se sentaran por orden alfabético. La moción le fue aceptada y se hizo sentar a la derecha del presidium a quienes sentía favorables a México, y del otro lado a los que le ofrecían duda o eran seguramente partidarios de Estados Unidos».

Cuando llegó la hora de que los votantes expresaran su voluntad, se empezó a escuchar uno por uno cómo votaban por México. Al ver que nuestro país iba consiguiendo los votos de la mayoría, los demás decidieron unirse y votar por el mismo país.

«Es una práctica frecuente en ciertas votaciones. ¿Para qué ir contra el vencedor cuando ya no hay remedio para evitar que lo sea?«, añade Francisco Javier González en su libro.

Sin embargo, hay otras fuentes (como las memorias de Daniel Grinbank) que aseguran que Havelange estaba tan convencido de que México fuera la sede del Mundial que ni si quiera dio apertura al voto.

Después de las presentaciones de los tres países, presuntamente Havelange preguntó si todos habían leído el informe preparado por la Comisión Especial. Ese informe decía que aunque Canadá y Estados Unidos tenían muy buenos estadios, hotelería y autopistas, carecían del «calor popular» que México sí tenía, así como recalcaba las condiciones que posibilitaron que el Mundial de 1970 se haya hecho en ese país.

Se supone que todos respondieron que sí lo habían leído y Havelange preguntó si alguien tenía alguna observación o reparo. Nadie objetó y aunque Havelange volvió a insistir, nadie dijo nada. Así fue como Havelange consideró que el informe estaba aprobado, y que al estar aprobado, se determinaba que México reunía las mejores condiciones para llevar a cabo el Mundial 86.

Para Havelange, el silencio otorgaba, así que había dado por terminada esa decisión sin hacer la votación.

Se supone que un representante del futbol en África preguntó si no realizarían la votación, a lo que Havelange, enojado, golpeó la mesa y dijo: «Ya que nadie objetó nada del informe y en el informe México es el mejor evaluado, México es la sede del próximo mundial». Y pasaron al siguiente punto de la orden del día.

No importa con qué versión te quedes (ya sea con la de la película México 86 o alguno de los libros). Al final parece que la historia real de cómo México ganó la sede del Mundial 86 se debe cien por ciento al ingenio y colmillo mexicano.

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