Un despropósito Mundial. Así se resumen la situación vivida por medios de comunicación, voluntarios y trabajadores del estadio MetLife de New Jersey antes de la gran final del Mundial entre España y Argentina. Una situación inadmisible donde nadie asumía responsabilidades y que acabó con altercados entre los propios periodistas.
La fifa había comunicado que los periodistas debían acudir al estadio con horas de antelación para prever las largas colas y los cortes de tráfico que se activarían tres horas antes del partido. La presencia en la final de importantes autoridades multiplicaba la presencia de la seguridad. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el presidente del gobierno, Pedro Sánchez; la familia Real española con el Rey Felipe VI a la cabeza… Nadie se quería perder el gran partido.
El FBI y el servicio secreto se dejaban ver en las puertas de acceso, pero el problema era mucho mayor y empezaba a varios cientos de metros de la puerta, donde miles de trabajadores se agolpaban para acceder al estadio. Una larga cola, de más de dos horas, se rompió. Y ahí comenzaron las hostilidades. Gente que se colaba y otros que no lo permitían se enzarzaron ante la ausencia total y absoluta de coordinación, organización o seguridad. Ni una valla, ni una fila única, ni un miembro de FIFA… Nadie coordinaba el caos y el desgobierno mientras la cuenta atrás de la final ya estaba activada.
Una alternativa errónea
Lejos de solucionarse, los problemas se multiplicaron cuando un grupo de voluntarios aparecieron de la nada y enviaron a parte de los que esperaban a otra puerta, la tres, situada a casi diez minutos andando de donde esperábamos y asegurando que por allí se podía acceder al estadio para agilizar la cola principal. Mentir. Cientos de periodistas, bailarines y trabajadores de todos los ámbitos caminamos hacia allí y, al llegar, comunicaron que por esa puerta tampoco se podría acceder. ¿El problema? Al regresar a la primera cola, otros habían ganado posiciones y no estaban por la labor de cederlas, así que se intercambiaron insultos y empujones entre varios grupos.
Pocos efectivos, mucha demanda
La realidad del caos se explica fácilmente con números. Sólo había seis arcos de seguridad y tres escáneres para las mochilas y bolsas en ese acceso. De hecho, en los arcos de seguridad que no tenían escáner para bolsas (tres), te hacían vaciar la mochila, sacar el ordenador o aparato electrónico correspondiente, encenderlo… Un trámite que ralentizaba muchísimo el acceso. Una desorganización inexplicable para el mayor evento deportivo del planeta.








