La muerte del líder supremo Ali Jamenei profundizó la interna política en Irán, donde los sectores más radicales intensificaron sus críticas contra el Gobierno y acusaron a los principales funcionarios de traicionar los principios de la Revolución Islámica al negociar un acuerdo con Estados Unidos.

Durante el funeral de Jamenei, el presidente Masoud Pezeshkian y el canciller Abbas Araghchi fueron blanco de insultos y amenazas por parte de grupos ultraconservadores, que los responsabilizan de haber cedido ante Washington en lugar de responder militarmente por la muerte del histórico líder.

Las críticas también alcanzan al nuevo líder supremo, Mojtab Jameneicuya prolongada ausencia de la escena pública alimentó especulaciones sobre una posible disputa interna por el control del poder.

Los sectores de línea dura sostienen que el presidente, el negociador Mohammad Bagher Ghalibaf y otros funcionarios intentan concentrar el poder mientras impulsan una política de distensión con Estados Unidos, una postura que consideran contraria al legado revolucionario.

En paralelo, las tensiones aumentaron tras nuevos incidentes en el estrecho de Ormuz, donde acciones de la Guardia Revolucionaria pusieron en riesgo el alto el fuego alcanzado con Washington y reavivaron los reclamos de quienes exigen retomar la confrontación con Estados Unidos e Israel.

Aunque el oficialismo busca mantener la unidad en medio de la crisis, analistas sostienen que las diferencias entre el sector gobernante y las facciones ultraconservadoras reflejan una creciente lucha por la conducción política del país tras la muerte de Jamenei.





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