Su discurso es relativamente raro. Invitado el miércoles al podcast “A contra del día”, Jean-Alexandre Trogneux, sobrino de Brigitte y Emmanuel Macron, recordó el impacto de los mandatos de su tío en su vida personal y profesional, así como su deseo de ver pasar la página presidencial.
Al frente de la fábrica de chocolate de Amiens Jean Trogneux Artisan Chocolatier, el hombre de 65 años accedió a conceder una entrevista de una hora al podcast presentado por Vanessa Williot-Bertrand, que pretende «dar voz a quienes viven a la sombra» de una personalidad.
“Nadie había previsto semejante destino, aunque Emmanuel había trabajado para lograrlo y tenía la ambición de alcanzarlo”, recuerda Jean-Alexandre Trogneux. A partir de 2017, algunos clientes acudieron a la fábrica de chocolate para pedirle que cancelara un informe o evitara una auditoría fiscal, afirma.
«Lamentablemente las críticas llegaron muy, muy rápido. Y pasamos a una especie de celos y, para algunas personas, al odio», continúa el dirigente empresarial.
Durante el movimiento de los chalecos amarillos, ciertas tiendas fueron atacadas y los vendedores insultados. El gerente llega incluso a recibir un paquete que contenía excrementos, con la leyenda: “Aquí está el nuevo chocolate Macron”. “Nadie entendió que no había ningún interés económico entre mi hijo, yo y la familia Macron, aunque Brigitte se llame Trogneux”, lamenta en el podcast.
2027, “el fin del lío”
Se alcanzó un nuevo hito cuando Jean-Baptiste Trogneux, su hijo, fue golpeado por cinco personas en mayo de 2023, tras un discurso del Presidente de la República.
Actualmente radicado en Le Touquet (Paso de Calais) por su seguridad, Jean-Alexandre Trogneux asegura que su tía Brigitte “hizo lo necesario para protegerlos”.
También describe una relación muy especial con su tía, quien lo llevaba “a discotecas cuando solo tenía 15 años” y “bailaba rock” “en minifalda”.
A pesar de los esfuerzos de la Primera Dama, dice esperar con impaciencia el final del segundo mandato de Emmanuel Macron, sinónimo para él de «el fin de los problemas». “Empañaba nuestro nombre”, lamenta.









