El cielo se oscurece y las gotas comienzan a caer cuando los futbolistas del Deportivo Alavés saltan al terreno de juego del hotel Torremirona para … realizar el segundo entrenamiento del día. El termómetro, que alcanzaba los 32 grados a media tarde, se suaviza bajo la intermitente tormenta que alivia a los albiazules en medio de la enésima ola de calor. En su refugio de Navata, en el Alto Ampurdán gerundense, los jugadores de Quique Sánchez Flores completan su tercera sesión en 24 horas tras llegar el miércoles desde Vitoria. Las piernas cada vez pesan más después de tres semanas, primero sudando en Ibaia y ahora entre campos de golf en su stage en Girona, en las que el intenso trabajo físico y el balón conviven en perfecta armonía.
Los 29 futbolistas, supervisados por el cuerpo técnico y arropados por una expedición babazorra que llega a las 50 personas entre todos sus miembros, se ejercitan bajo una lluvia que refresca las carreras con las que los vitorianos están devorando los primeros kilómetros del curso. Entre los Pirineos y la Costa Brava, Torremirona vuelve a acoger al Alavés como ya hizo la campaña pasada. En los sofás de la recepción, los jugadores, alejados del ruido, se mezclan con los huéspedes, amantes del golf que entre hoyo y hoyo se relajan en un recinto con todo tipo de comodidades –spa, restaurante, piscina…– que el equipo babazorro ha vuelto a convertir en su campo base estival.
«Nos hace especial ilusión que un equipo como el Alavés repita. Significa que estuvieron a gusto y que les fue bien. Nos apetece mucho volver a trabajar con ellos», apunta Álex Rojas, responsable de la parte deportiva de Torremirona que está «casi 24 horas» al lado de los albiazules.
Respecto al verano pasado, el recinto ha «hecho reformas», mejorando el «material deportivo y de gimnasio» y el estado del césped. «Cada vez está mejor», afirma Rojas. Una alfombra verde, presidida por una bandera del Alavés que ondea al viento, que esperan ampliar con un segundo terreno de juego. «Seguimos en gestiones para ello, aunque las mejoras que hemos hecho las notan y agradecen los equipos», añade el responsable, que pone en valor su ‘oasis’: «Les ofrecemos tranquilidad y estar enfocados en lo que necesitan: entrenar, comer bien, descansar… Aquí lo tienen todo y nadie les molesta».
Repetidores
En un recinto con 54 habitaciones, la expedición del Alavés ocupa «el 75%». «Hay más gente del equipo que clientes», detalla Rojas. Para que los albiazules estén cómodos trabajan «50 personas» en Torremirona entre «mantenimiento, restaurante, gestión, jardinero…». Todos dan forma a un ‘resort’ que logró el campo propio hace una década y por el que ya han pasado este verano el Blackpool inglés, el Espanyol y el Alavés: «Después vendrán el Olympique de Marsella y el Al-Ittihad femenino. Salvo el Blackpool, el resto son ‘repetidores’, lo que es una buena señal».
Todos los equipos que han trabajado aquí están con sus nombres en el muro que cobija el campo de entrenamiento. En él luce un Alavés del que en Torremirona celebran su última permanencia «Les ha funcionado estar aquí y ojalá se repita. Deseamos que todos los equipos que están con nosotros consigan sus objetivos. Nos sentimos partícipes de sus éxitos», confiesa Rojas, que está a pie de campo durante el entreno.
Una sesión que empieza con tormenta y acaba con sol y con un pequeño incendio en el horizonte. A ella llegan todos los jugadores de forma distendida. Los futbolistas recorren los 200 metros que hay entre el hotel y el césped con calma y charlando. Ville Koski, amante del golf, le muestra a Jesús Owono su swing.
Antonio Blanco, que cumplió 26 años este jueves, no para de recibir llamadas. Al entrar en el cuadrado que protege el césped, todos se calzan las botas para empezar el entrenamiento. Las zapatillas, colocadas también con mimo en la banda, tienen su protagonismo en las carreras que realizan como el balón, imprescindible en las dobles sesiones con las que se están machacando. El amistoso ante el Eibar en Laguardia fue un paréntesis en medio de una pretemporada en la que Quique, como explicó Nahuel Tenaglia, quiere que derrochen «mucha intensidad», que «presionen» y «tengan la pelota».
Para ello deben poner a punto el cuerpo en un verano en el que los vitorianos han vuelto a aislarse en un entorno tranquilo, en el que sólo el sonido del silbato del cuerpo técnico rompe el silencio. La intensidad tiene la recompensa –o el castigo– del hielo postsesión. Entrenar, comer y descansar. Así estarán hasta el 1 de agosto. Entre medias tendrán dos amistosos. El primero, mañana (10.30 horas) frente al Girona.









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