El cielo se oscurece y las gotas comienzan a caer cuando los futbolistas del Deportivo Alavés saltan al terreno de juego del hotel Torremirona para realizar el segundo entrenamiento del día. El termómetro, que alcanzaba los 32 grados a media tarde, se suaviza bajo la intermitente tormenta que alivia a los albiazules en medio de la enésima ola de calor. En su refugio de Navata, en el Alto Ampurdán gerundense, los jugadores de Quique Sánchez Flores completan su tercera sesión en 24 horas tras llegar el miércoles desde Vitoria. Las piernas cada vez pesan más después de tres semanas, primero sudando en Ibaia y ahora entre campos de golf en su stage en Girona, en las que el intenso trabajo físico y el balón conviven en perfecta armonía.



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