¿Cuál es esta desconcertante condición que supuestamente afecta a los diplomáticos estadounidenses destinados en el extranjero? Desde 2016, miles de personas han descrito síntomas inusuales que inicialmente despertaron temores de un ataque con armas acústicas. Sin embargo, años después, ninguna prueba médica ha confirmado el daño neurológico, lo que deja en duda el origen de lo que ahora se conoce como síndrome de La Habana.

La historia comenzó en 2016 y rápidamente captó la atención dentro del gobierno de estados unidos. Apodado la Habana Síndrome, la condición incluso inspiró una serie documental que cuestiona si se debe a un espionaje extranjero o a algo mucho menos tangible, como una respuesta psicológica compartida.

Los primeros informes surgieron de la embajada de Estados Unidos en La Habana, Cuba. Los diplomáticos describieron sensaciones extrañas: zumbidos en los oídos, dolores de cabeza, presión intensa en el cráneo y, en casos más graves, problemas de visión, deterioro cognitivo y pérdida de memoria. Muchos asociaron estos episodios con ruidos fuertes y repentinos, lo que generó preocupaciones sobre un ataque selectivo contra el personal diplomático.

Pronto surgieron informes similares en todo el mundo. Casi 1.500 empleados del gobierno estadounidense en Europa, Asia y Australia afirmaron haber experimentado los mismos síntomas. Algunos funcionarios plantearon la teoría de sónico ataques, posiblemente con armas acústicas o ultrasónicas desplegadas por adversarios extranjeros como Rusia o China.

¿Cuáles son las causas de los síntomas y trastornos neurológicos que experimentan miles de diplomáticos estadounidenses estacionados en todo el mundo? © Linaimages, Shutterstock

El misterio sigue en pie

A pesar de años de investigaciones por parte de agencias de inteligencia, el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y especialistas médicos, la verdadera causa del Síndrome de La Habana sigue siendo desconocida.

Dos informes importantes publicados en 2020, uno de la Academia Nacional de Ciencias y otro de la Revista de la Asociación Médica Estadounidense—esbozó cuatro posibles explicaciones. Estos iban desde radiofrecuencia dirigida energía (considerado más plausible por la Academia), a agentes químicos o infecciosos y, finalmente, a factores psicológicos y sociales.

Aún así, las pruebas exhaustivas no han logrado producir pruebas concretas. Las imágenes cerebrales y los exámenes médicos no han revelado lesiones consistentes ni marcadores biológicos. A principios de 2024, un estudio realizado por los Institutos Nacionales de Salud no encontró daño cerebral detectable en las resonancias magnéticas ni anomalías que pudieran explicar de manera confiable los síntomas informados.

Como resultado, el misterio sigue sin resolverse. Un número cada vez mayor de expertos favorece ahora una explicación más común: una basada en el estrés, la mayor conciencia y la psicológico grupo dinámica en lugar de un arma oculta o un ataque encubierto.


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